En ocasiones llega un momento en tu vida en el que tienes que tomar una decisión. No puedes cumplir todos tus deseos, muchas veces éstos no son compatibles, y debes elegir cual cumplir y cual dejar atrás.
No es una tarea fácil, ni tampoco algo que se pueda llevar a cabo en un segundo, aunque en la mayoría de las ocasiones sea mejor no pensar, cerrar los ojos y tomar una decisión. Si se piensa fríamente, ¿cómo se podría renunciar a un sueño? ¿cómo se podría decidir cual preferimos y cuál no?
Es difícil elegir un camino en el que sabes que no habrá retorno, una vez que se elija no podrás cambiar de opinión, y eso es lo peor de todo. Se debe tener miedo a cometer una equivocación, pero también es cierto que lo que da miedo es aquello que merece la pena.
En mi caso, prefiero retrasar esa decisión el máximo posible, pero, cuando llegue la hora, sé que solo habrá una cosa que pueda detenerme a la hora de no tomar el camino de mi sueño, el destino.
Digo el destino porque, las cosas suceden por una razón, y porque las personas que se cruzan en tu camino, lo hacen por un motivo. Sin embargo, hay dos tipos de personas, las que se cruzan en un momento determinado en tu vida, y las que se quedan y permanecen; pero, ¿cómo saber cual es cual? Nuevamente, es una tarea que dejaré al destino, pues como muchas otras cosas, hay personas que se manejan por una línea muy fina entre ambos estilos, y porque sé, que si tuviera que tomar una decisión ahora sería la incorrecta.
No tengáis miedo a equivocaros.
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